Caminante Nocturno. La pelea de KO

Nos fuimos caminando, seguido de los perros, quienes rápidamente nos abandonaron para seguirle el rastro a los dos, que se habían ido jugando anteriormente.
Pol tomo aire, como un largo suspiro interno y comenzó su relato, afortunadamente en una forma en que era fácil seguirlo
-Como ya te dije antes, mi nombre es Pol Konout, nací hace mucho tiempo atrás, tanto que no es necesario recordar cuanto, de hecho, tampoco podría decirte cuanto ya que no se cuando nací, ni día ni mes ni año. Poco importa por suerte
-No festejas tu cumpleaños?, Le pregunté sorprendido, ya que es una de las fechas que te gusten o no, es imposible no conmemorar.
-Claro, fue su rápida replica, propia de quien está acostumbrado a no perder el tiempo para dar una respuesta contundente, ya sea verbal o física. Todos los días festejo mi cumpleaños, ya que todos los días cumplo un año más.
-Un año más de estar vivo, día a día, no es falto de razón tu pensamiento, diría que es profundo.
Paradójicamente, aquí el viejo boxeador se quedo en silencio unos segundos, que parecieron eternos, quito su abrazo de mi hombro y exclamo, vivo, claro…, sería una forma de expresarlo.
Seguimos caminando, durante un largo tramo en un cómodo silencio, ese silencio que solo puede apreciarse en compañía de alguien conocido y con quien no hace falta hacer, ni decir nada para figurar, fiel a mi costumbre, fui pateando las pequeñas piedras que se cruzaban en mi camino, eso rompió el largo periodo de reflexión de mi nueva compañía, quien expresó, volviendo a su origen.
eso eh naperdida denergia, jalapiedra donsta, que se la lleven pueta lo gile
-a los giles ni cabida, le respondí, rápidamente, con una sonrisa en mi rostro
Konout me observó serio, entendí que le estaba haciendo una observación pseudo graciosa, que no era afín a su tiempo y le dije rápidamente, -deja, es una expresión común en esta época
-En cual? ,Preguntó mientras se pasaba la mano por el mentón?, la tuya o la mía?
Lo miré sorprendido, pero comprendiendo,
-Porque como la mía no hay, remato con esta vez una sarcástica sonrisa en su rostro.
hay cosas para las cuales las épocas les son transparentes, pensé, las expresiones no cambian.
-Como te decía, nací hace tiempo en un lugar lejano, donde la vida en si era dura desde el comienzo, no había tiempo para los lujos, como el de expresarse con palabras raras y largas, espero que valores este esfuerzo de mi parte, para que te sea fácil seguirme caminante, y te sea más fácil entender.
-Lo valoro le aseguré, con total sinceridad, el esfuerzo del otro, cuando es desinteresado y de corazón, es siempre valorable.
-En ese caso sigo con mi relato, hacemos algo para entrenar mientras tanto?, le respondí que prefería caminar, ya había tenido acción por demás un rato antes, horas antes?, épocas futuras?, no lo sabia, pero mi negación fue rotunda.
-Bueno, vos te perdes el sabor del entrenamiento con el campeón, te quedará el relato entonces. Que es el siguiente:
Desde muy joven, tuve que salir a pelear a la vida, mi padre nos abandono cuando era muy chico, tuve que salir a trabajar, deje el colegio, había que afrontar a la vida y el hacer cuentas o aprender a escribir, no parecía la salida más rápida para poder afrontar la realidad, así que me dirigí, primero al puerto, pero era demasiado débil para poder realizar las tareas de carga y descarga, me fui al mercado, pero la situación era la misma, les resultaba más fácil echarme a los golpes que intentar enseñarme alguna tarea que pudiera hacer. En ese momento no contaba con lo necesario, no tenia mentalidad para poder hacer controles, ni físico para poder llevar a cabo la tarea del esfuerzo corporal demandado.
-Entonces ahí te diste cuenta de lo importante que es estudiar, si hubieras sabido contar, leer y escribir, podrías haberte hecho un lugar, donde el físico no fuera lo importante
-Alguna vez intentaste hacer controles, en un entorno hostil?, lleno de malandras, robos e ilícitos?, hubiese durado muy poco, alguien con inteligencia pero sin físico, hubiese tenido un final rápido, trágico y sin testigos.
-Entiendo, hay que buscar el termino medio, para no terminar en el medio de nada….
-Vas entendiendo caminante, sos difícil de entender, pero entendes rápido, eso va a ser bueno para tu integridad. Nadie es lo que parece, ni nadie parece ser lo que es, es una de las cosas que rápidamente aprendí, eso ya que si no aprendía a defenderme, no iba a durar mucho.
Termine trabajando para un carretero, que se dedicaba a transportar mercadería alimenticia desde el puerto, a los almacenes. Parecía buen empleo, aunque al viejo, pagar no se le daba muy bien, así que a cambio de comida y el “enseñarme”, el trabajo de carretero, me permitía ayudarlo. Al principio no era fácil, la comida no era mucha, el trabajo era muy pesado y los golpes eran mas comunes de lo esperado. Pero aun esto me enseño las pequeñas trampas para poder comer un poco mas y llevar comida a casa. Era común que se cayeran, se me cayeran en realidad, los cajones, y mientras era golpeado con una vara, la que usaba espantar a los perros, iba juntando lo caído, pero aprendí, como te mencionara antes, que podía escamotearle algo de lo caído, no era yo el único que no sabía contar. También aprendi a esquivar o poner el cuerpo para que los golpes dolieran menos. Fue uno de mis primeros triunfos, el otro, el mas largo de aprender y doloroso, fue el de las palizas.
Las entregas eran por lo general a almacenes cercanos a las escuelas, algunas veces coincidían los horarios con las salidas de la escuela y allí, los chicos de mi edad y mas grandes, se divertían golpeándome y riéndose de mis vanos intentos de querer devolverles un golpe, casi ninguno de los míos llegaban y cuando lo hacían, no generaban daño ni malestar siquiera, en cambio los de ellos, llegaban todos y todos dejaban su marca.
Un día, un desconocido increpo al carretero mientras golpeaba mi espalda. Este se dio vuelva y al ver una persona bien vestida y de rasgos nobles, pensó que le sería fácil deshacerse de el, sobre todo porque había gente mirando y el forastero era un desconocido, no era un potencial cliente, con lo cual le vendría bien descargar su furia y mostrar al auditorio, que era un hombre de temer. El carretero entonces se envaró y señalándolo le dijo que seria mejor para el irse, no llegué a escuchar donde lo mando, pero pude intuirlo, le dijo también que no le convenía comprarse un problema, el forastero, al que no se le veía el rostro, aunque se podía apreciar que sus pies venían de lejos, le respondió que no compraba problemas, generaba cambios
Me hizo pensar que esa parte de la historia me resultaba conocida, pero era imposible recordar algo que recién me estaba enterando que sucedía.
Como previendo mi pensamiento, Konout hizo un alto en su relato, y luego continuó diciendo, El viejo se acercó arrogante al visitante y le planto la vara ante su rostro, o donde suponíamos debieran estar sus ojos, porque reitero, no se le veían, pero al ver que no se inmutaba, intentó golpearlo con la vara, el forastero fue más rápido y con un veloz movimiento combinado de sus pies y manos, no solo logró quitarle la vara al viejo, sino que termino desparramado sobre el barro, se levantó rápidamente, ya que era una persona fuerte y acostumbrada a las reacciones veloces, intentó recuperar la vara perdida, cosa que no pudo concretar, pero si se llevó una marca en la mano y en sus dos mejillas, estas últimas se las volvió a cruzar, dejándola una cruz en ambos laterales de la cara y una línea recta en la frente, diciéndole: “no vuelvas a golpear a quien se encuentra en inferioridad de condiciones, o volveré cruzarte para hacer la línea que falta y dejarte una cruz. Quedó Claro?
Luego se acercó a mi, que acostumbrado a ser golpeado, no temí a lo que se me venia, sin embargo se agacho, hasta dejar su rostro junto al mio y me dijo algo que nunca olvidaré, ya que eso cambió mi existencia.
Se quedó en silencio, sin revelar que le había dicho el extraño, aunque continuó relatando su vieja historia. Solo me aclaró lo del largo viaje, diciendome que sus botas se veian gastadas, no asi su ropa que se le notaba como recien salida de la percha. Recorde mi campera de cuero, no se porque.
Mire al viejo luchador a los ojos, pensando en lo difícil que era hacerse a la imagen de alguien endeble y que la gente buscase para humillar, no era esa la imagen que portaba ahora, difícilmente alguien pudiera acercarse motu proprio para querer humillarlo o intentar siquiera sacarle ventaja en algo.
-Como fuera, continuó relatando Pol, el carretero ese día me despidió, le era imposible mirarme a los ojos y no rememorar su “vergonzante derrota” ante el forastero, volví entonces a vagar por las calles, buscando donde trabajar y siendo golpeado por los chicos de mi edad, y no tanto. La diferencia era que luego de la golpiza diaria, iba a lamerme mis heridas, como un perro apaleado, a la sombra de un árbol, donde recreaba en mi mente una y otra vez la pelea, veía los golpes que me daban, veía y pensaba lo que podría haber hecho como reacción, hacia prueba y error mental de lo sucedido, fui notando como paulatinamente, sus golpes se hacían más espaciados, no siempre llegaban, en cambio los míos llegaban más fácilmente, pero con poca contundencia. Ellos no vieron esto, no veian que sus golpes demoledores no llegaban con la misma contundencia que antes y seguían vandalizandome, yo seguía con mi metodología de auto aprendizaje y le sume un entrenamiento fisico, el de golpear el tronco del árbol que me acobijaba. Primero se despellejaron las manos, los nudillos quedaban a la vista, aun sangrantes, mis manos seguían golpeando la corteza del duro árbol, luego esas lastimaduras dieron paso a duros callos que parecían proteger mis nudillos y finalmente mis manos se convirtieron dos duras rocas, cuya contundencia ante los blandos cuerpos de mis agresores se hicieron rápidamente evidente, tanto como su cobardía, ya que golpear a un indefenso era divertido, golpear a quien esquiva y derriba con un par de golpes ya no lo era tanto. Sobre todo cuando podía defenderme fácilmente del ataque de varios a la vez.
Cuando dejaron de buscarme para burlarse y mas bien comenzaron a esquivarme y escaparse de mi búsqueda, comencé a pensar en porque no usar esas habilidades para ganarme el sustento, pero primero debía hacer algo que para mi era importante, fui a buscar al carretero, a quien encontré golpeando con la vara a otro chico que lo ayudaba, le grite “viejo, pique no ti lagara con alguien de tutamaa”, si bien había crecido, no era lo que hoy ves. Nuevamente estaba delante de un grupo de gente, de la que nada tiene que hacer pero que hace bulto. El viejo vio la oportunidad de sacarse la imagen que había dejado tiempo atrás, aún se veían las marcas en su rostro, los cortes habían sido profundos, y no se borrarían jamás. Se vino hecho una furia a mi encuentro, con el brazo en alto para descargar la vara sobre mi cabeza, no llego a hacerlo, mi mano derecha se estrelló primero contra su rostro, con un sonido sordo, que dejó sus ojos en blanco mientras iba cayendo al piso, Cayò sobre su vara, que se partió por el golpe dado, de una patada lo gire, no queria que se ahogara en el charco de barro. Al verle el rostro, vi que se habia hecho una nueva marca en su frente, un alinea horizontal, que le cruzaba la vieja herida dejada tiempo atras por el forastero.
La gente aprovechó la ocasión para desvalijar el carro del viejo, me acerqué al chico, tratando de devolver la gentileza que me fuera obsequiada por el extraño, pero este solo atino a tomar algunas cosas entre sus manos y salir corriendo….. El mensaje fue claro, no era para todo el mundo lo que me había sido dicho años atrás.
Seguí mi ruta, comencé a pelear por dinero en las calles y en el puerto, al principio, las peleas terminaban rápido, conmigo en el suelo, desvanecido. No era lo mismo pelear contra matones de carton, que contra gente que hacia de eso su camino de vida, volvi a hacer lo mismo, a pensar, recrear y volver una y otra vez. Las peleas se hicieron mas largas y no siempre terminaba yo en el piso.
Los combates, anteriormente eran sin guantes protectores, tenían un comienzo y un único fin; no había lo que ahora llaman rounds, las peleas terminaba cuando uno de los dos peleadores no podía mantenerse en pie y muchas veces, el que no se ponía de pie, no volvía a hacerlo nunca más.
Como parte de mi entrenamiento autodidacta, Comencé a usar la cabeza, pero no de la manera que estas pensando, aprendí que era la parte más dura del cuerpo, la usaba como método poco ortodoxo de bloqueo, lo aprendí en el árbol, donde practicaba y termine endureciéndola mas aun. Muchas veces sentí como se fracturaban los huesos de los puños del otro, al pegar en un lugar inesperado, otras tantas vi como caían exánimes quienes intentaban copiar, pero sin el esfuerzo del entrenamiento, mis movimientos. El esfuerzo y dedicación comenzaban a brindar sus frutos.
Finalmente llegue a ser un luchador reconocido, aunque sin nombre, todas las noches iba a algún lugar,donde hubiese una pelea de gallito ciego y allí me presentaba, se corrían apuestas, como pasa siempre, la gente de alrededor es quien hace el dinero con el esfuerzo del otro, muchos son mas cobardes que esos niños que me enseñaron los primeros golpes, que se tatúan el cuerpo par aparecer mas malos y se rodean de gente de rostro serio, para parecerlos mas aun. Sin embargo pronto aprendi a reconocerlos y apartarme de ellos, no harian fortuna en base a mi dolor y mi esfuerzo. Comencé a ser un obstáculo para sus negocios, pero fui persistente y mi esfuerzo rindió sus frutos. Peleas no faltaban, como asi tampoco lugares donde mostrarme y hacer mi dinero.
Mi cuerpo cambiaba a medida que me esforzaba más, el árbol que me cobijo en la infancia continuaba firme en el suelo con las marcas de mi superación personal impresa en su corteza.
Un día me di cuenta que ganar me costaba más, las normas habían cambiado, la lucha era diferente, antes había códigos, hoy los códigos tenían forma de billetes y la importancia de ganar, estaba en lo que las bandas de palomos les daban como dádivas a sus luchadores, un día fui golpeado arteramente con un objeto contundente, no usábamos guantes, pero eso no impedía que algunas veces usáramos vendas para cubrir heridas cortantes, solo que como te mencionara antes, los códigos se fueron perdiendo y algunos luchadores, a sueldo, ocultaban piedras o trozos de hierro moldeado sobre sus manos, que tapaban con los vendajes.
Un día me tope con uno de estos luchadores, vinieron a decirme que debía perder y yo solo pierdo cuando el otro me gana en buena ley, su palomo no lo tomo a bien, en uno de mis bloqueos de cabeza, sentí un golpe sordo y un quiebre, justo aca, se quitó el gorro, corrió su pelo y me mostró una hendidura en su cabeza, esto debió ocasionarme la muerte, pero no en mi caso, aunque si, esa noche no pude seguir peleando, no sentía las piernas, veía doble y todo se movía a mi alrededor, me tambalee y caí al piso, no pude volver a levantarme esa noche.
Al recuperarme solo, decidí ir a mi lugar de protección, mi árbol, lo encontré y me senté debajo de el, lloré como hacia años no lo hacia, las cosas volvían a cambiar y no tenia ganas de volver a comenzar a amoldarme. La frustración y el abatimiento me iban doblegando. No se si me quede dormido, pero al abrir los ojos, ya estaba mas oscuro y vi delante mio dos botas que me parecían conocidas, al levantar la vista, vi a quien me había salvado hacia mucho tiempo atrás, tenia en sus manos una vara de metal, que se llevó a la boca y comenzó a generar un sonido embriagador, sutil y poderoso al mismo tiempo. Me sentí transportado, lo que antes era bronca se transformo en tranquilidad y contemplación.
-La música, dicen calma las fieras, en realidad lo que hace es acomodar los pensamientos, permitir que lo importante deje fluir y mantenga alejado a lo superficial. Duerme mi joven amigo, lo escuche decir y me extraño ya que de joven poco tenia ya, fui cerrando los ojos, viendo que las ropas que llevaba puesta, eran tal como las recordaba hace tantas décadas atrás, abría y cerraba los ojos, temiendo que si los mantenía mucho tiempo, esa bella melodía desaparecería, me iba tranquilizando y animando poco a poco, a medida que iba sintiendo como me dejaba caer cómodamente en lo que suponía podría ser un una mullida cama. si alguna vez la hubiese tenido.
Mi viejo y desconocido amigo me estaba enseñando algo nuevo, un nuevo camino, volví a cerrar los ojos y al abrirlos ya estaba en otro lugar, con otra meta, con otro objetivo.
Busqué y me tope con quien consideré que era la persona ideal para llevar adelante ese anhelo de superación, alguien como yo, pero diferente, cansado de todo, pero con fuerzas para superar las adversidades. Alguien que comenzó a golpear de chico, pero para hacer música, quien tuvo la oportunidad de estudiar y ser alguien con titulo. Alguien que también estaba cansado de la lucha sin sentido y de los cambios de códigos, alguien con la fortaleza como para llevar la lucha adelante, fue así, como comencé a susurrarle al oído al “Doc”, porque por fortuna, pude elegir a un profesional de la odontología. Tantos golpes sufridos a lo largo de mi anterior existencia, me habían desacomodado un tanto las piezas dentales, dejándolas comodas en alguna calle oscura.
En ese momento sonrió amplia mente, mostrando una poderosa sonrisa blanca, llena de dientes relucientes. El doc, me rejuveneció, los susurros al oído hicieron que Pablo Mingori Arrigó, le fuera dando forma a un nuevo estilo de lucha para mi, una banda de hard rock, a la que llamamos Knock Out.
Konout sonrió complacido y mientras acariciaba a su perro y yo buscaba al mio, al que sabia cerca pero no lograba ver, me dijo, sigamos caminando, esta historia que te voy a relatar a continuación, te va a hacer sentir un Vértigo Ideal. y verás que no, no es una historia triste la mía, por el contrario…..
Las imágenes, salvo la de portada y al pie, son propiedad de Knock Out y fueron obtenidas desde su página de facebook.
Continuará….

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