Caminante Nocturno… La Aparición

El reloj avanzaba inexorablemente, el único sonido que se escuchaba en la oscuridad, era el incesante golpeteo, que solo servia de pretexto para justificar el insomnio que noche a noche, me lleva a practicar el más sutil de los deportes: La Caminata; sin prisas ni pausas que me transportan de un lado al otro, solo sabiendo de donde salgo, sin saber a donde llego.
El tic tac continuaba golpeando con su rítmico avance, aun así, con la vista fija en el reloj de pared, veo que la hora marcada es la 0:00, el momento justo en que ya no es el ayer, pero tampoco es el hoy, el momento justo de tiempo atemporal.
El primer tronar pudo haberme hecho saltar de la cama, en la que me encontraba tendido desde largo tiempo, con la mirada fija en el reloj, mirándolo sin observar; pero por algún motivo, sabría que vendría, entremedio de un tic tac del reloj, el golpeteo de la tormenta, con sus gruesas gotas, contra el marco de la ventana permanentemente sellada, marcaban que esa noche, no habría caminata, no habría lugares a donde ir, de los que nunca fui. Algo trivial para muchos, algo necesario para mantener mi cordura, que ante los eventos sucedidos, de los que no sabia ya si fueron pasados o futuros, como la hora marcada en el reloj. Mi cordura poco tenia ya de tal, tan solo las apariencias, a tal punto que muchos sucesos no podrían ser descritos sino como un vano texto literario.
Era inútil quedarse en la cama, era inútil salir a caminar, con esa tormenta diluvial, ya que la experiencia me había marcado, que poco podía prever de lo que encontraría al otro lado, lamentablemente, iba a ser imposible poder concentrarse en la nada misma.
Lentamente me levante y fui hasta la cocina, encendí la luz, innecesariamente, ya que sabia el lugar exacto en el que se encontraba cada elemento que fui a buscar. Me prepararía un café boliviano, obtenido en una de esas largas caminatas, que me llevaron a lugares a los que nunca fui y probablemente no regrese jamás. Al menos el brebaje serviría como pretexto a mi larga e inmóvil noche insomne.
Podría probar con beber un vino, pero estos formaban parte de una nutrida colección, que al igual que el café, las iba adquiriendo por las formas de sus botellas, vidrios, contenidos, y un largo etc que no podría ser descrito con breves palabras. Muchas me fueron obsequiadas, nunca me pregunté el porque ellos no sabían que no bebo alcohol. Según me habían comentado, el valor etílico de la colección era interesante y sabroso, pero es una colección y estas no están para ser degustadas sino simplemente para ser coleccionadas y observadas.
Mientras se preparaba la oscura infusión, el recinto se envolvía con su característico aroma. En ese momento, mientras me dejaba embriagar por los recuerdos, sentí un fuerte golpe que se propago por el suelo y las paredes, provenía de dormitorio, del mismo lugar al que pocos minutos antes había abandonado, no había nada suelto, nada que pudiera golpearse y mucho menos, generar tal vibración, debería haberme asustado, pero al igual que el trueno, intuía que algo debería ocurrir, la energía circundante era extraña, como todo en torno a mi, la tormenta no era casual, el batir de la ventana, permanentemente cerrada, jamás se había sacudido de tal manera, cosa obvia, ya que no conducía a ningún lugar, salvo claro cuando la abría y salía por ella a mis largas marchas.
Al pasar por el comedor, observe como unas largas marcas de agua, cual estelas se generaban en el centro mismo y como si alguien empapado caminase por el lugar, se hubiese dirigido al dormitorio, arrastrando algo pesado tras de si. Seguí las húmedas huellas hasta el dormitorio, sin encender las luces. Al llegar, pensando que había demorado más de lo debido y que los pasos fueron muchos más de los utilizados para el viaje inicial. En definitiva, al llegar, vi un enorme contorno sentado y chorreante sobre el vértice de la cama. Alli, como si se encontrase montando un chato caballo, se encontraba una figura cuasi amorfa, con una cabeza de la que pendían largos tentáculos, poderosos brazos con dedos con membranas entremedio, con una especie de capa por sobre su dorso, que al extender los brazos para sacudirlos, dejo ver que eran una alas similares a las de un murcielago. Enorme, supurante cual manantial de agua, sobre mi cama, que a esta altura asemejaba mas a un bote que a un lugar de reposo, era obvio, pocas veces la utilice para descansar en ella, el insomnio me lo impedía. Las piernas del ser, no lograba divisarlas, pero las intuía, tal como el contorno, las vi en mi mente demente, colosales.
La ventana seguía cerrada, al igual que la puerta de calle, ya que había una sola forma de abrirla y colgaba de mi cuello; donde quiera que la caminata me llevara, la llave debía estar firme conmigo, quienes se cruzan, suponen que es un amuleto, como el “Ank” egipcio, un asidero mental a la realidad, solo yo, o al menos eso creía, sabia que de no tenerla conmigo, la vida seria muy diferente. Por ende la puerta permanecía siempre cerrada, estuviese yo dentro o fuera de la casa, la llave, con su complejo mecanismo, colgaba de mi cuello.
Al pasar pude apreciar que se encontraba intacta y en su lugar, con lo cual no había sido violentada. Con total tranquilidad, mirando hacia el punto donde intuía se encontraban los ojos de quien tenia enfrente exprese
–Que la noche este lluviosa, mi voluminoso invitado sorpresa, no lo habilita para mojarme la cama, ya esta grande por lo que veo para tales vicisitudes.
La aparición, como si mis palabras lo hubiesen golpeado con una potencia imprevista, se irguió sobre si mismo, logrando que mas agua se vertiera sobre la cama y mas alto pareciera ser, tan alto como el techo, que se iba acomodando en altura a la del ser en cuestión. Fui entendiendo porque camine más a la vuelta, que a la ida de la cocina. Una vez encontrada su verticalidad, me respondió con una gutural y cavernosa voz algo que me dejo paralizado, dándome a entender que no era el único, alguien podría saber y podría explicarme muchas cosas.
Pero para alguien obsesiva mente organizado, no hay nada mejor que el comienzo, para iniciar cualquier acción por ello, luego de hacer sentir, que ya era hora de dejar de evaluarlo mentalmente, habló con una expresión lapidaria
–Caminante nocturno, que la condición de tal no te nuble la visión, mojo tu cama porque no la usas y porque tu silla no soporta mi peso, o acaso supones que la vibración que te trajo a mi encuentro fue una ancestral flatulencia proveniente desde los abismos?
-Veo que conoces mis hábitos -le respondí rápidamente-, conoces como vivo y por sobre todo, conoces lo que yo mismo desconozco, por tal motivo y para ir equiparando la situación, podrías comentarme quien o que sos…
Mi pregunta pareció incomodarlo, más que sorprenderlo, aparentemente debía conocerlo, o al menos eso supuso, solo respondió con un lacónico
-Quizás debieras ir por tu café, la noche será larga……
(continuará…)

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